Vacuna contra el coronavirus: las «jugadas sucias» en la carrera para lograr una fórmula

El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció a principios de agosto que la vacuna Sputnik V de su país había sido aprobada.Miércoles 26 de agosto de 2020

Coronavirus en Rusia, Vacuna Sputnik-V, REUTERS
Cuando Moscú hizo saber el 11 de agosto que había registrado la primera vacuna contra la covid-19 y que la había nombrado Sputnik V, fue difícil no entender el mensaje. Ahora, con su anuncio, lo que Rusia decía es que está ampliando las fronteras de la ciencia médica.
El profesor Lawrence Gostin dice que nunca ha visto tantos intereses políticos por un producto médico. Una vacuna contra la covid-19 es uno de los premios médicos más valiosos y más buscados en la actualidad. No sólo porque con ella se salvarán vidas, sino por la promesa de poner fin a la crisis y por la gloria y validación que supondrá para los que lleguen a conseguirla.
 
«La razón por la que la vacuna contra la covid-19 ha adquirido tanto simbolismo político es porque las superpotencias ven a la vacuna como una proyección de sus habilidades científicas, con lo que en realidad estarían validando como superiores sus sistemas políticos», agrega.
 
Actualmente hay seis candidatas en las últimas fases de los ensayos clínicos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluidas tres de China, una de Reino Unido, una de Estados Unidos y una de una sociedad germano estadounidense. Y mientras todos los desarrolladores buscan acelerar las cosas, el registro de la Sputnik rusa ha planteado temores de que se estén simplificando los métodos normales.
 
La jefa de investigación de la vacuna Sputnik V, Elena Smolyarchuk, anunció que los resultados mostraron que la vacuna es efectiva. En julio, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá acusaron a las agencias de espionaje rusas de hackear las investigaciones de vacunas, lo cual negó el Kremlin.
 
Fuentes de inteligencia sugirieron entonces que se trató más de robar información que de interrumpir el desarrollo de la vacuna. La semana siguiente, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a dos hackers chinos de robar datos sobre el desarrollo de vacunas en beneficio de los servicios de inteligencia de Pekín. China lo ha negado con firmeza y ha dicho que ha compartido información sobre el virus y ha cooperado con sus socios extranjeros.
 
Pero lo que más preocupa a los expertos es que se esté economizando esfuerzos en el normalmente lento y minucioso mundo de los ensayos médicos. «Seguramente se han acortado los procesos, en particular en el caso ruso», dice Thomas Bollyky, director del programa de salud global del Council on Foreign Relations, un centro de estudios estadounidense.
 
«No es difícil desarrollar una vacuna. Lo difícil es probar que la vacuna es segura y efectiva. Y si los países están solo interesados en lo primero, podrían estar acortando sus métodos». La decisión de Rusia de registrar la vacuna Sputnik antes de los ensayos a gran escala de la última fase, sin publicar datos sobre la investigación, condujo a críticas en Occidente.
 
Las compañías farmacéuticas chinas han dicho que algunos de sus altos ejecutivos han sido inmunizados para «preprobar» su vacuna, una medida que tiene el objetivo mostrar la voluntad de tomar riesgos y hacer sacrificios de los que están a cargo. En Rusia, Vladimir Putin señaló que su propia hija había recibido una dosis de la vacuna Sputnik. Y los informes de que ambos países planean probar la vacuna en sus fuerzas armadas ha llevado a temores éticos, ya que esos individuos podrían estar en una posición en la que no tendrían la libertad de dar su consentimiento.
 
Nacionalismo de las vacunas
«En los países occidentales hay un nacionalismo de las vacunas», afirma Thomas Bollyky. La obtención de una vacuna se ha convertido en una cuestión de Estado para algunos países como China. «Lo hemos visto en Estados Unidos y Reino Unido, cuando inicialmente acapararon grandes cantidades de suministros para vacunas». Por supuesto, el nacionalismo iba ya en aumento antes de que el coronavirus apareciera.
 
La carrera inicial para asegurarse respiradores y equipos de protección personal para el personal de salud provocó que algunos países mejoraran las ofertas que habían hecho otros, ofreciendo dinero en efectivo en aeropuertos para asegurarse los cargamentos.
 
Esto dejó en evidencia la dependencia de insumos extranjeros, lo que llevó a que muchos países impulsaran la producción doméstica. Y a pesar de todo lo que se ha hablado sobre que la distribución internacional de la vacuna, los que la desarrollen primero podrán asegurarse la prioridad para salvar vidas y lograr que sus economías vuelvan a ponerse en marcha.
 
De la misma forma, quienes no consigan los insumos se enfrentarían al enojo público y a que su competencia sea puesta en duda. El 18 de agosto el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, volvió a llamar a los países ricos a unirse a un programa global para compartir vacunas con las naciones más pobres. «Necesitamos evitar el nacionalismo de las vacunas», declaró.
 
Los países también podrían verse tentados a ofrecer el acceso a sus vacunas a otras naciones, como herramienta diplomática, para ganar favores y apoyo. Bollyky cree que «cada gobierno que se abastezca primero eventualmente mantendrá parte de las dosis como una forma de diplomacia».
 
Pero llegar primero al mercado no necesariamente significa que esa vacuna será la más efectiva y los expertos advierten que esta no es una carrera en la que habrá un solo ganador o una meta. Eso significa que las rivalidades por el desarrollo y el abastecimiento de vacunas apenas están comenzando.

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