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Enfermeros del Durand: “Venimos siendo negados y no se cumplen los protocolos de bioseguridad”

Denuncia una serie de ítems que no cumplieron los protocolos por la pandemia del Covid-19. Y dice que los profesionales de la salud se protegían y protegen con bolsas de basura, en vez de camisolines.

EL COMENTARIO DEL EDITOR. La enfermería, enrollada en una paradoja.

LA CARTA. Hace unas semanas, al llegar a casa luego de una larga jornada laboral, me sorprendió escuchar los aplausos desde los edificios y las casas de mi barrio. En los medios de comunicación hablaban del agradecimiento social a los profesionales de la salud. Me ilusioné al pensar que, al fin, después de tanta lucha la sociedad, se empezaba a reconocernos y se comenzaba a entender que un enfermero es más necesario y esencial que, por ejemplo un contador, y cobra menos de la mitad que ello.
Unos días más tarde se anunciaba por decreto que recibiríamos un bono, que nos permitiría subsistir y de esta forma afrontar los gastos que conlleva vivir y trabajar en un país en cuarentena. En aquel momento se nos negó la posibilidad de tomarnos cualquier licencia que teníamos por derecho, por consideraremos esenciales para el cuidado de la vida de los demás. Así es que solicitamos que se nos concediera el transporte público gratuito para llegar a nuestros puestos de trabajo (hay colegas que toman más de dos o tres transportes de ida y otros de vuelta). Esta solicitud nos fue negada. Al suspenderse las clases, muchas mamás y algunos papás (trabajadores de la salud) únicos responsables del cuidado de los menores (hogares monoparentales), solicitaron se les conceda la posibilidad de cuidar a sus hijos, y el Gobierno de la Ciudad, empleador, se la negó. Es por eso que concurrieron a la Justicia que también les negó esta posibilidad y sentenciaron que esos chicos se institucionalizaran en hogares de menores, al cuidado de extraños y desconocidos para obligar a sus madres a cumplir con el trabajo en el hospital público.
Tardaron más de 50 días en darme una máscara de acetato con una gomita que no cumple con las recomendaciones de bioseguridad».

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Otras mamás se vieron obligadas a llevarlos con ellas al hospital, con alto riesgo de contagio para los niños. Debido a la imposibilidad de tomar una licencia y no tener a quien delegar el cuidado de sus hijos. Mientras en la TV escuchaba decir que la sociedad debía cuidar a quienes los cuidamos, Santilli decía que el personal de salud tenía todos los elementos de protección personal, que no faltaba nada, que inauguraban unidades febriles y que cumplían con los protocolos acordados con Nación. ¡Mentiras! En 70 días nunca fue entregado el barbijo N° 95 particulado correspondiente. El Gobierno de la Ciudad tardó más de 50 días en darme una máscara de acetato con una gomita que no cumple con las recomendaciones de bioseguridad, y así con cada uno de los elementos de protección necesarios para el cuidado propio y de pacientes. Esta es la realidad que vivimos todos los profesionales de la salud en el Hospital Durand donde trabajo, y en la mayoría de los 34 hospitales porteños, Cesac y hogares de ancianos y paradores dependientes del GCBA. Por esta razón se iniciaron muchos reclamos judiciales al Gobierno de la Ciudad y a Provincia Art. para exigir estos elementos de protección personal y que se cumpla con el protocolo. Al día de hoy, tanto el Gobierno de la Ciudad y la Art. Provincia incumplen las sentencias.
Los profesionales de la salud se protegían y protegen con bolsas de basura en vez de camisolines».

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En este contexto grande fue mi asombró al escuchar al ministro de Salud de la Nación, asignándole la responsabilidad a los contagiados en su trabajo por “utilizar mal la ropa” (que nunca se entregó en calidad y cantidad necesarias) por eso tantos profesionales se protegían y protegen con bolsas de basura en vez de camisolines. En estos dos meses y medio se nos negó el goce de las licencias adquiridas por derecho y las especiales. Se nos negó la posibilidad de viajar gratis a nuestro trabajo. Se nos negaron los equipos de protección personal y el cumplimiento estricto de los protocolos. Se nos acusó injustamente y públicamente de impericia e inoperancia “por sacarnos mal la ropa”. Se nos negaron las paritarias. Se nos negó el bono prometido por el Gobierno nacional, que quedó en una mera promesa. Es por esto que comparto mi angustia y decepción con ustedes. Los enfermeros profesionales junto a otros profesionales de la salud venimos siendo negados, a pesar de tener estudios universitarios completos de 5 años o más, algunos con posgrados, matrícula con renovación periódica y título oficial habilitante, habiéndonos excluido de la ley de profesionales de salud 6.035 en 2018. Muchos de nosotros nos vemos obligados a trabajar en dos lugares para poder satisfacer las necesidades económicas.
Necesitamos que nos cuiden. Salarios dignos. Soluciones y respuestas urgentes. Que la sociedad comprenda que sin enfermería no hay salud, que si el profesional que los asiste y los cuida está decepcionado, cansado, oprimido y perseguido por sindicatos y empleadores, esto repercute directamente en la atención que les brindamos.
Claudio Ferreyra
LICENCIADO EN ENFERMERÍA DEL HOSPITAL GENERAL DE AGUDOS CARLOS G. DURAND.

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